24 de septiembre de 2026

La actividad económica se desplomó 2,9% en julio y encendió una luz roja sobre el ingreso de la economía en una fase recesiva. El dato fue bastante peor de lo que anticipaban las consultoras y devolvió el nivel de actividad a noviembre de 2024. Las excusas se le amontonaron al ministro Caputo, salvo alguna autocrítica: culpó a la falta de gas, las lluvias, las nevadas y hasta al Mundial de fútbol. 

El Indec informó que el indicador de actividad económica (EMAE) de julio tuvo una caída del 2,9% contra junio y también cayó 1,4% contra julio del año pasado. El retroceso mensual borró con holgura el módico crecimiento de 0,3% de junio y confirmó el serrucho que domina la economía desde principios de año.

En los primeros siete meses, cuatro terminaron con caídas mensuales. Pese a eso, el acumulado contra el mismo período de 2025 todavía arroja un crecimiento del 1,7%. 

Martín Polo, jefe de estrategia de Cohen, graficó el tamaño del golpe con una frase sencilla: “Retrocedimos a noviembre de 2024”. La serie desestacionalizada quedó en 149,6 puntos, después de haber alcanzado 156,7 en marzo. En apenas cuatro meses se evaporó buena parte de la recuperación acumulada desde el ajuste inicial del gobierno de Javier Milei. El propio Indec confirma que el índice desestacionalizado pasó de 156,7 en marzo a 154,6 en abril, 153,7 en mayo, 154,1 en junio y 149,6 en julio. 

La industria se derrumbó 5% y los economistas advierten que la economía pasó de estancamiento a caída 

El dato tiene además otra particularidad. La caída de julio se ubicó entre las más fuertes de la historia reciente sin una devaluación de por medio. Los indicadores que se conocieron previamente ya habían anticipado el golpe: la industria se desplomó 5% mensual y la construcción 4,6%. 

La caída de julio se ubicó entre las más fuertes de la historia reciente sin una devaluación de por medio.

LPO había contado que los economistas dejaron de hablar de amesetamiento para advertir directamente sobre una caída de la actividad. Las alertas ahora apuntan a una posible recesión técnica. El segundo trimestre ya había mostrado una contracción y julio abrió el tercero con un derrumbe considerable. 

Cohen advirtió antes de conocerse el EMAE que, si la tendencia no se revierte durante agosto y septiembre, la economía podría encadenar dos trimestres consecutivos de caída. El detalle sectorial muestra además dónde está el problema. 

Ocho de los quince sectores relevados por el Indec cayeron contra julio del año pasado. El comercio retrocedió 5,1% y la industria manufacturera 4,6%. Entre ambos le restaron 1,3 puntos porcentuales al EMAE. La construcción cayó 3,3%, la intermediación financiera 3% y transporte y comunicaciones 1,5%. 

Del otro lado aparecen los sectores vinculados a los recursos naturales. La pesca saltó 424,5%, explotación de minas y canteras creció 8,4% y el agro avanzó apenas 0,7%. Entre los tres aportaron un punto porcentual al resultado general. 

El contraste vuelve a mostrar una economía partida: los sectores capaces de producir dólares sostienen una punta mientras industria, comercio y construcción tiran para abajo desde la otra. 

Caputo decidió mirar otra película. En su primera reacción destacó que la actividad acumuló una expansión de 1,7% durante los primeros siete meses y que la serie tendencia-ciclo avanzó 0,2% en julio hasta alcanzar, según afirmó, “un nuevo máximo histórico”. 

Durante julio se registraron distintos shocks transitorios que afectaron a varios sectores de actividad. En este sentido pueden mencionarse la menor disponibilidad de gas en el caso de la industria manufacturera, las mayores lluvias y nevadas en relación a los promedios históricos para la construcción, la minería y algunos servicios, y las menores horas trabajadas en algunos sectores en relación al mundial de fútbol.

Para explicar el desplome mensual habló de “shocks transitorios”. Las excusas se le amontonaron.  “Durante julio se registraron distintos shocks transitorios que afectaron a varios sectores de actividad. En este sentido pueden mencionarse la menor disponibilidad de gas en el caso de la industria manufacturera, las mayores lluvias y nevadas en relación a los promedios históricos para la construcción, la minería y algunos servicios, y las menores horas trabajadas en algunos sectores en relación al mundial de fútbol”, posteó.

La explicación sobre el gas es llamativa. Como contó LPO, durante el invierno el Gobierno restringió el suministro a grandes usuarios industriales para garantizar el abastecimiento residencial ante los picos de demanda. El episodio mostró además las limitaciones de infraestructura del sistema energético: Argentina produce gas abundante en Vaca Muerta, pero todavía tiene restricciones para transportarlo hasta los grandes centros de consumo.

Pero el problema es que las señales de debilidad exceden largamente un evento deportivo o una inclemencia climática. La industria cayó en julio en 15 de sus 16 divisiones respecto de junio. Maquinaria y equipo retrocedió 9,2%, químicos 8,3% y muebles y colchones 13,9%. En la comparación interanual, la maquinaria agropecuaria se derrumbó 46,6%. 

LCG advirtió además que la industria quedó 3% abajo de diciembre y que no aparecen motores claros para una recuperación. 

La construcción completa el cuadro. En julio cayó 4,6% mensual y se mantiene alrededor de 25% debajo de noviembre de 2023. Los despachos de cemento bajaron 8,1% interanual y las ventas de asfalto se hundieron 23,1%. Tres de cada cuatro empresas relevadas por el Indec esperan que la obra privada permanezca estancada. 

El dato también cae en un momento incómodo para Caputo. El ministro había ubicado en junio el comienzo de los “mejores 18 meses” de la economía de nuestra historia. Desde entonces el Gobierno incluso lanzó medidas para tratar de despertar la actividad: flexibilizó el acceso al crédito en dólares para empresas y anunció el uso de recursos del FGS de la Anses para fondear préstamos hipotecarios. Pero todo indica que el problema es macro.

Fuente: LaPoliticaOnLine.com