Ya se sabe que el futuro no constituye enigma alguno. La prueba es que cualquier serie distópica acierta en sus pronósticos. Desde que la imaginación política ya no puede concebir una sociedad poscapitalista y de un modo veraz, dar cuenta de la salida de ese orden de dominación, el mundo solo parece dividirse entre los que aceleran la destrucción y los que intentan prevenirla. Aquellos que mantienen una actitud preventiva frente a la catástrofe potencial en la que se vive van perdiendo la batalla frente a los que aceleran la catástrofe. 

En la medida en que esta confrontación se da en el interior del capitalismo, en lo que podríamos designar su ecosistema, difícil ganarle la batalla a la aceleración. El capitalismo en su esencia es una máquina acelerada que ningún desastre, ya sea ecológico, sanitario o militar, puede frenar. En todos los escenarios, en los más horrendos, el mercado puede continuar y la reducción de la vida a la ecuación costo – beneficio también. Por lo tanto, el célebre freno de mano que defienden las izquierdas y los movimientos populares y nacionales seguirán funcionando cada vez más acentuadamente de un modo intermitente en el interior de un régimen existencial de derechas.

Así como la pandemia no frenó la deriva capitalista, ahora la guerra es el nuevo escenario. Una escena que logra mimetizarse con el propio capitalismo. Por primera vez el mundo se involucra con algo del que se desconoce su límite, no se sabe ni a dónde conduce ni cuál es su finalización. 

El foco aparente del grave conflicto militar entre Ucrania y Rusia es nada más que una localización de una guerra en el mundo, entre aquellos que están en condiciones de disputar la dominación mundial del capitalismo: Estados Unidos y China. El imperialismo norteamericano, con su terrible historial de masacres mundiales, y la expansión tecnológico comercial china, cuyo punto de realización es una explotación material del mundo, sin interesarse en razón de su propia historia, por la colonización cultural.En principio ese sería su límite principal en esa disputa. 

Por todo esto, la gran pregunta es cómo por un lado se sostiene el freno de mano que impida la ruina de los Estados que aún asumen sus responsabilidades frente a los sectores expoliados y a su vez, cuál es el punto de fuga, el nuevo gran éxodo de un orden al que ahora ya solo le queda la guerra mundial para proseguir su marcha. La «racionalidad» de las medidas que sirvan para la prosecución del freno de mano; distribución de la riqueza, salarios universales, etc, no debe temer acompañarse de un mito salvífico de corte emancipatorio. 

Capitalismo: crimen perfecto o emancipación.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/435855-capitalismo-y-militarizacion-del-mundo