24 de febrero de 2026

“Hay una suerte de estrangulamiento en la actividad privada. Entonces hay que discutir si se quiere que ese proceso desinflacionario se siga acentuando, con riesgos para la actividad, o ir un poco más lento”, afirmó el presidente del Banco Macro, Jorge Brito, que pidió medidas para aflojar el apretón monetario y facilitar el crédito.

No es habitual que un empresario de ese nivel deslice críticas tan abiertas a la política económica. Pero su pedido no movió un milímetro la estrategia de Caputo y Milei, que entre recesión e inflación, eligen la primera. Aunque en realidad por ahora tienen de las dos.

Pero el equipo económico no está dispuesto a hacer nada que ponga en peligra el ancla del dólar barato. La estabilidad cambiaria del Gobierno se explica también por la desaparición de pesos. Ese es un driver del programa económico: el frente externo se sostiene porque el frente monetario se vuelve cada vez más restrictivo. 

Lo más interesante en este sentido no pasó en el mercado cambiario sino en el mercado de pesos. En las últimas semanas Banco Central compró divisas e inyectó casi 3 billones de pesos en la economía (porque cada compra de dólares implica emitir) pero aun así la cantidad total de dinero cayó. Todos los agregados monetarios se contrajeron. 

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La aparente contradicción se resuelve mirando al Tesoro. En enero vencieron cerca de USD 2.700 millones de deuda en dólares. Para pagarlos, el Tesoro compró esas divisas al Banco Central y entregó alrededor de 4 billones, pesos que quedaron fuera de circulación. La absorción fue mayor que la emisión. Resultado: menos liquidez. 

En las últimas semanas Banco Central compró divisas e inyectó casi 3 billones de pesos en la economía (porque cada compra de dólares implica emitir) pero aun así la cantidad total de dinero cayó. 

En febrero el Central siguió comprando dólares agresivamente, pero el Tesoro no intervino en el mercado cambiario. Sin embargo, los pesos tampoco aparecieron. El motivo es simple: ambos organismos los retiraron por otras vías. El BCRA absorbió mediante pasivos remunerados y ventas de dólar futuro; el Tesoro lo hizo colocando deuda pública. 

El esquema funciona como un circuito cerrado: se emiten pesos para acumular reservas y luego se los elimina para que no presionen sobre el dólar. 

Por eso el mercado sigue con atención la licitación de esta semana. Luis Caputo necesita pesos para compensar las compras de divisas del Central y sostener el ancla cambiaria. 

El presidente del Banco Macro, Jorge Brito.

Este miércoles Caputo buscará refinanciar vencimientos por 7,2 billones de pesos. La última colocación mostró la lógica del programa: el Tesoro consiguió 9,02 billones frente a vencimientos por 8 billones, un roll over del 123% que permitió retirar dinero adicional del mercado. No es solo financiamiento: es política monetaria tercerizada en el mercado. 

 En la última licitación se vio el funcionamiento con claridad: mientras el Central compraba USD 214 millones, el Tesoro absorbía cerca de 1,7 billones de pesos adicionales vía deuda. El efecto inmediato fue una caída del dólar mayorista, que perforó los 1.400 pesos, pero también una economía cada vez más fría.   

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Para la licitación de esta semana, el menú vuelve a ser amplio. Habrá letras y bonos ajustados por CER, títulos dólar linked y la novedad de un bono en moneda dura. El BONAR 2027, con cupón del 6% anual, permitirá colocar hasta USD 150 millones ampliables a USD 250 millones mediante una segunda vuelta. 

El esquema funciona como un circuito cerrado: se emiten pesos para acumular reservas y luego se los elimina para que no presionen sobre el dólar. 

La decisión cobra relevancia porque este viernes vencen USD 1.000 millones de Bopreales, una prueba directa para la estabilidad cambiaria. Para evitar tensiones, la Secretaría de Finanzas busca refinanciar parte de este financiamiento con la incorporación sistemática de bonos en dólares dentro de las licitaciones quincenales, con un programa total de emisión de hasta USD 2.000 millones. 

En los hechos, la remonetización prometida para la fase cuatro del programa quedó archivada. La suba de la inflación obligó al Gobierno a retirar prácticamente todos los pesos emitidos desde comienzos del año. 

El plan estabiliza precios restringiendo liquidez. Las tasas explican el costo social del esquema. Hoy el 25% de la deuda fintech está en mora, frente al 7,4% de un año atrás. De los 12,6 billones de pesos prestados por el sistema no bancario, casi 3 billones presentan dificultades de cobro. 

Las familias destinan el 33% de sus ingresos al pago de créditos y billeteras virtuales, mientras el endeudamiento total ya equivale al 140% del ingreso mensual. Incluso la banca tradicional muestra deterioro: los créditos irrecuperables más que se triplicaron en doce meses, pasaron del 2% al 6,5%. 

El problema deja de ser financiero y pasa a ser estructural. Cuando el crédito reemplaza al salario, el consumo deja de traccionar la actividad. Ahí aparece la clave política del modelo. El Gobierno celebra la estabilidad cambiaria, pero esa calma se apoya en tasas altas y en la absorción permanente de pesos. Es una transferencia silenciosa: el dinero no llega al comercio porque queda capturado antes por el sistema financiero. 

Fuente: LaPoliticaOnLine.com