8 de octubre de 2026
La euforia financiera que desataron las elecciones de Brasil duró apenas unas ruedas y los activos argentinos volvieron a quedar bajo presión. El lunes, el resultado electoral brasileño había provocado una fuerte recuperación de los mercados de la región, que también benefició a los bonos y acciones locales. Sin embargo, el entusiasmo comenzó a perder fuerza el martes y terminó de diluirse el miércoles, cuando el Merval cayó 2,5%, los bonos soberanos volvieron a terreno negativo y el riesgo país subió hasta los 586 puntos básicos.
El lunes, los inversores habían reaccionado con optimismo al escenario político que dejaron las elecciones brasileñas. El Ibovespa, principal índice de la Bolsa de San Pablo, saltó 7,7%, mientras que el real se apreció más de 4% frente al dólar. La magnitud de esos movimientos generó un efecto contagio sobre otros mercados latinoamericanos, incluida la Argentina, que venía de varias jornadas de debilidad financiera.
En Buenos Aires, el Merval acompañó el movimiento regional con una suba del 3,7%. Los bonos soberanos también encontraron algo de alivio después de las pérdidas acumuladas durante las ruedas anteriores. El resultado brasileño permitió que, al menos transitoriamente, los inversores dejaran en segundo plano los problemas propios de la economía argentina y aprovecharan la recuperación de los activos de riesgo de la región.
Sin embargo, el impulso comenzó a agotarse rápidamente. El martes, la Bolsa brasileña ya había abandonado la euforia inicial y el Ibovespa retrocedió alrededor de 0,7%. Aunque los bonos argentinos todavía consiguieron sostener parte de la recuperación, el cambio de tendencia en Brasil anticipó que el optimismo regional tenía límites y que el mercado local difícilmente pudiera mantener las ganancias solamente por factores externos.
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La reversión se hizo más evidente en la rueda siguiente. Según el último informe de Cohen Aliados Financieros, el Merval retrocedió 2,5% tanto en pesos como medido en dólares financieros y terminó en USD 1.752,7. Las ventas alcanzaron a prácticamente todos los sectores, pero el castigo fue especialmente importante para las empresas financieras y energéticas, dos de los segmentos que suelen concentrar las apuestas de los inversores internacionales sobre Argentina.
En Wall Street, los ADR argentinos registraron una caída promedio del 2,2%. BBVA perdió 4,6%, Supervielle retrocedió 4% y Cresud cayó 4,1%. En la Bolsa porteña, Holcim encabezó las pérdidas con una baja del 7,1%, seguida por BBVA Argentina, que cedió 4,8%. El comportamiento de las acciones bancarias reflejó la fragilidad de una recuperación que había dependido, en buena medida, de una mejora transitoria del clima financiero regional.
Los bonos en dólares tampoco lograron sostener completamente las ganancias. Cohen registró una caída promedio del 0,2%, con retrocesos del 0,3% en los Bonares y del 0,1% en los Globales. Las mayores pérdidas se concentraron en los títulos de vencimiento más largo, que son particularmente sensibles a los cambios en las expectativas de los inversores sobre la capacidad de pago de la deuda argentina.
Como consecuencia, el riesgo país aumentó 13 puntos básicos y terminó en 586 puntos. El movimiento interrumpió la recuperación que habían mostrado los títulos soberanos y volvió a poner de manifiesto las dificultades del Gobierno para conseguir una reducción sostenida del costo de financiamiento. Pese al alivio inicial que había llegado desde Brasil, la Argentina continuó operando con una prima de riesgo elevada frente a buena parte de sus vecinos.
De todos modos, la debilidad no fue exclusivamente argentina. Cohen señaló que la deuda emergente también registró una caída promedio del 0,2%, exactamente la misma variación que los bonos soberanos locales. Esto sugiere que el deterioro del contexto internacional también contribuyó a la reversión. La diferencia es que Argentina enfrenta ese escenario con una vulnerabilidad financiera mayor, por las dudas sobre la acumulación de reservas y las necesidades de financiamiento de los próximos años.
El contraste con el mercado de pesos fue significativo. Mientras las acciones y los bonos en dólares retrocedieron, los instrumentos en moneda local terminaron con ganancias en todos sus segmentos. Los títulos ajustados por CER y TAMAR y los vinculados al dólar encabezaron las subas, con avances del 0,3%, mientras que la deuda a tasa fija mejoró 0,1%. Esta divergencia muestra que la corrección no respondió a una salida generalizada de las posiciones en activos argentinos, sino que estuvo concentrada en los instrumentos más expuestos al riesgo soberano y a las expectativas de los inversores internacionales.
El mercado cambiario también mostró una estabilidad que contrastó con las pérdidas bursátiles. El dólar oficial cerró en $1.520,7, prácticamente sin cambios, mientras que el MEP bajó a $1.538,9 y el contado con liquidación terminó en $1.606. El Banco Central compró USD 45 millones y acumuló USD 228 millones en octubre, aunque las reservas brutas se ubicaron en USD 49.134 millones. La continuidad de las compras oficiales aportó cierta tranquilidad cambiaria, pero no fue suficiente para evitar el retroceso de las acciones.
La experiencia de estas jornadas dejó una señal para el mercado argentino. El resultado electoral brasileño consiguió generar una recuperación importante en los activos regionales y ofrecer un alivio momentáneo a los títulos locales, pero no modificó los factores que condicionan sus precios. Con el riesgo país todavía cerca de los 600 puntos, las dudas sobre el financiamiento externo y un contexto internacional más exigente, el entusiasmo importado desde Brasil terminó siendo insuficiente para sostener una recuperación duradera.
Fuente: LaPoliticaOnLine.com
